“Así como el mar va y viene, las sensaciones también se mueven, cambian, se agitan o se calman. Pero esas sensaciones no deben impedir que seamos capaces de disfrutar, de conocer, de sorprendernos, de celebrar, de mirar, de perdonar… los ideales hay que conservarlos como tales y lo mejor es reconocer pronto a la nostalgia como una traicionera compañera de viaje, capaz de colorear los blancos. Pero no es una traición dura, sino que es un ejercicio de realidad: nuestras imágenes siempre serán mucho más atractivas como tales que cuando las volvemos realidad. Los personajes y los espacios estarán ahí, pero todo será distinto…”







